La Reserva Nacional Pacaya Samiria no es un lugar estático. Cambia constantemente. Su paisaje, sus caminos y su vida silvestre se transforman a lo largo del año siguiendo un ritmo ancestral marcado por el nivel del agua.
Este ritmo se conoce como creciente y vaciante, dos temporadas que definen la forma en que la selva respira, se mueve y se renueva.
La creciente: cuando el bosque se vuelve agua
Durante la temporada de creciente, que suele darse entre los meses de noviembre y abril, las lluvias elevan el nivel de los ríos hasta varios metros. El agua ingresa al bosque, inunda las raíces de los árboles y convierte la selva en un gran sistema acuático interconectado.
En este periodo, los ríos se expanden y aparecen nuevos canales naturales. La navegación se vuelve la principal forma de desplazamiento y es posible internarse profundamente en el bosque en canoas, pasando entre árboles que parecen emerger directamente del agua.
Para la fauna, la creciente es un momento clave. Los peces se reproducen, muchas especies se desplazan por el bosque inundado y las aves encuentran abundante alimento. La selva se siente viva, expansiva y silenciosa a la vez.
La vaciante: cuando la selva se revela
Entre los meses de mayo y octubre, el nivel del agua comienza a descender. Es la temporada de vaciante. El bosque va reapareciendo poco a poco y el paisaje cambia de forma notable.
Surgen playas de arena, senderos naturales y lagunas aisladas conocidas como cochas. La fauna se concentra en estos espacios, lo que facilita el avistamiento de animales y la observación de su comportamiento.
En esta etapa, caminar por el bosque de tierra firme es más accesible. La vaciante permite explorar zonas que durante la creciente permanecen bajo el agua y ofrece una experiencia distinta, más terrestre y abierta.
Dos temporadas, una sola selva
Ni la creciente ni la vaciante son mejores o peores. Son complementarias. Juntas sostienen el equilibrio ecológico de Pacaya Samiria y permiten la regeneración constante del ecosistema.
La selva necesita inundarse para renovarse, y necesita secarse para volver a empezar. Interrumpir este ciclo significaría alterar todo el sistema de vida que depende de él.
Viajar entendiendo el ritmo del agua
Comprender estos ciclos cambia por completo la forma de visitar Pacaya Samiria. El viajero deja de buscar una experiencia fija y comienza a adaptarse al momento que la selva está viviendo.
En Wonder Amazon creemos que viajar a la Amazonía implica escuchar estos ritmos naturales y dejarse guiar por ellos. No se trata de imponer un itinerario, sino de acompañar el pulso del agua y la vida que se mueve con él.
Pacaya Samiria no se muestra igual dos veces. Y esa es, precisamente, una de sus mayores riquezas.
